Saludos, monifatiqueros dadivaniciosos y todas esas palabras inventadas. Que es Dadiván, amigos, que se acaba el año, y eso solo quiere decir una cosa: cenas familiares. El mejor momento y el más adecuado, no, el ideal, EL IDÓNEO, para discutir tus ideas sobre los temas trascendentales de la vida: el estado del liderazgo de la nación, tus creencias sobre la realidad espiritual, los últimos acontecimientos deportivos, la identidad de género, puede que incluso de número, etc., etc., etc. Por tanto, te presentamos esta deliciosa guía, gruesa y firme, con la que asegurarte de alcanzar un debate amistoso y productivo durante Nochebuena con tu familia extendida.
Paso 0: Asegúrate de por qué tienes razón
Está muy claro que tienes razón, ¿cuándo no la has tenido? Pero, a veces con eso no basta, tienes que dedicar un largo tiempo de meditación para reunir motivos por los que estás claramente en lo cierto. Pongamos, por ejemplo, el caso de un partido político, al que votas, tema predilecto de las festividades concurrentes: piensa qué políticas van a llevar a cabo y por qué te gustan, qué gente hay en él y por qué te gustan, qué éxitos han tenido y por qué te gustan, etc. Y así, con los temas que quieras tratar durante el ágape. Así, una vez lo tengas claro, podrás usarlo fácilmente como armas arrojadizas. Cuanto más estridentes y contundentes, mejor. Deberías asegurarte de que tienes, al menos, para hablar dos horas de todo tipo de temas (la información no tiene por qué seguir un hilo concreto, puedes saltar de que Jesús no existía a que Nicolás Maduro es en realidad un alien de derechas).
Paso 1: Si alguien te contradice, explícales por qué se equivocan
Por supuesto, siempre puede haber alguien que no comparta tu visión particular del mundo. Es normal, todos tenemos derecho a estar equivocados. Pero que sea un derecho no quiere decir que no debas corregirlo de forma sumarísima. Piensa que estás haciendo una labor social muy importante: hay gente que anda por ahí diciendo cosas que muy evidentemente no son verdad, y si no los corriges, se van a ir por ahí, expandiendo la desinformación a lo largo y ancho del mundo. Explícales con pelos y señales por qué no tienen razón. Utiliza toda clase de figuras retóricas, como explicar una cosa, explicar una cosa pero más fuerte, o repetir exactamente el mismo punto una y otra vez, pero con cara de que vas a sacarle un mordisco a tu contendiente ideológico. Y, por supuesto, habla mientras te dé el aliento. O, en su defecto, con comida en la boca.
Paso 2: Lidia con las interrupciones con aplomo y compostura
Es posible que durante tu diatriba alguien te interrumpa. Esto se debe principalmente a que la persona con la que estás hablando no te ha oído bien y no ha entendido lo que estás diciendo. No te preocupes, es fácil corregir esta tartita: simplemente tienes que repetir tus argumentos pero hablando más alto, más claro, y más seguro de ti mismo. Si puedes, súbete a la mesa para que tu voz llegue más lejos y para dar un peso adicional a tus palabras, dando a entender a los comensales que estás en la cima de la cadena alimenticia. En caso de que subirte a la mesa esté mal visto en tu familia (cosa que, por otra parte, suena a opinión incorrecta que deberías corregir; pero allá tú), debería bastar con subirte a la silla. Pero si se da el caso, necesitarás hablar como mínimo el doble de alto para compensar. Si no te oyen los vecinos, tienes un problema.
Paso 3: Responde a los contraargumentos
Si tras haberte expresado con claridad cristalina como te hemos explicado siguen sin estar convencidos de la superioridad patente de tus opiniones, no significa que no te hayas explicado con claridad, que no sean intelectualmente capaces de seguir tu línea de argumentación, que les echan atrás tus formas o —Diox no lo quiera— que estés equivocado. Significa que te están llevando la contraria por joder y seguramente tienen intereses espurios parar mantener esa postura indefendible, así que arréale un soplamocos al que tengas más cerca. Si es de los que te han llevado la contraria, mejor, pero tampoco nos vamos a poner exquisitos llegados a este punto.
Paso 4: Actúa y exprésate con asertividad
Si intentan detenerte insistiendo en que no debes hablar de esos temas en la mesa, es una señal clara de que están equivocados a ese respecto. Cualquier momento es idóneo para tocar temas trascendentales que afectan de forma clara y directa a todas nuestras vidas, y que deberían ser objeto de debate continuo en la plaza pública metafórica de la sociedad. Así que se aplica el paso 3: si se ponen muy tontitos con el tema, dale una hostia a alguno. A ver si así te dejan hablar de una vez, cojones.
Paso 5: Considera otros puntos de vista
Es posible que, a lo largo de tu conversación con tu contertulio, este te empiece a introducir otros posibles puntos de vista que puedan llegar a hacerte pensar, e incluso a hacer cambiar de forma perceptible tu opinión. Esto es, por supuesto, un grave problema. Como hemos establecido desde el Paso 0, tú tienes la razón desde el principio, así que si te contaminan con puntos de vista foráneos e invasores, tú mismo te convertirás en un vector de la desinformación y el libelo. Para lidiar con esto, solo tienes que esforzarte mucho en buscar los motivos por los que tú tienes razón y ellos están equivocados. Si no se te ocurre ningún argumento lo suficientemente convincente, invéntate algo, al final es algo moralmente correcto porque estás obrando por el bien mayor. Y, en caso de duda, vuelve al Paso 2 y explícate con mayor vehemencia.
Paso 6: Combate contra el desinterés y la apatía
Es posible que durante la cena, tus familiares y seres queridos traten de evitar estos temas trascendentales por miedo a causar incomodidad y desasosiego. Este sentimiento, a pesar de ser bienintencionado, priva a los comensales de participar en importantes conversaciones sobre el destino de la humanidad. Por ende, no puedes permitir que se converse sobre cosas banales y vacías de significado. Sé el cambio que quieres ver en el mundo: si nadie quiere hablar sobre religión, explícales por qué la secta del padre Eutiquio a la que te acabas de unir es la fe verdadera y va a llevar a todos sus acólitos al planeta Ulmeulia, donde no habrá dolor, lloverá oro del cielo y todos los jueves por la tarde habrá tarta de chocolate. Todo el mundo tiene derecho a saber la verdad.
Paso 7: Trabaja la Tardebuena
Si alguien cuya opinión valoras (o cuya furia temes) te ha advertido explícitamente de qué temas no debes tocar durante la cena, llega la hora de que te pongas estratégico y adelantes tu rango de acción. Por supuesto la charla distendida que se da en casa mientras llegan los invitados y se dan los toques finales a la cena no es el lugar para tocar temas, diríamos, “calientes” o que puedan producir conflictos. Pero sí es el mejor momento para acercarte un poco a alguno que creas que es más sensible a estas cosas y hacer alguna referencia medio velada, para ir introduciéndole la idea. O simplemente dejando caer una palabra en un mal sitio durante la tertulia para ir probando las aguas. De este modo, sin que realmente hayas hecho nada durante la propia cena, ya habrás sembrado el campo que podrás recolectar cuando os sentéis a los aperitivos a más tardar. Después de todo, si otros empiezan a hablar del tema y tú te unes cuando la cosa se caldea, tienes una excusa perfecta o, como mínimo, plausible.
Paso 8: Ve preparado
Si le has dado el soplamocos de rigor a un cuñado o equivalente y este decide pasar a las manos sin provocación por tu parte, es el momento de respirar hondo, hacer balance de la situación, pensar qué has hecho para llegar a ese punto y sacar la navaja mariposa que claramente llevas en el bolsillo. Tú sabes que querías llegar aquí, yo sé que tú lo sabes, así que no nos hagamos los tontos. A veces un verdadero caballero tiene que defender sus ideales a capa y espada. En el caso de que hubieras pensado que no necesitabas llevar expresamente un arma, los cuchillos de la mesa e incluso otros cubiertos, pueden servirte como medio de defensa y ataque, pero te hallarás en una situación mucho más precaria (imagina que ponen un cuchillo de sierra, eso es un jaleo, porque no basta con pinchar: tienes que serrar. ¿Y qué haces? ¿Ir a por los ojos? ¿Crees que tu cuñado no te lo va a tener en cuenta si lo apuñalas precisamente en el ojo? Mejor asegurarnos de hacerlo bien y quedar como amigos y, sobre todo, como un caballero).
Paso 9: Defiende tus intereses
Si alguno de los comensales llama a la policía (particularmente en caso de que acabes de sajar a alguien con tu navaja), lo único que tienes que hacer es mantener la compostura y decirles la verdad. Es decir, tienes que explicarles a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado que todo es un gran malentendido y que tú tenías la razón desde el principio. Que no querías hacerle daño a nadie pero que, evidentemente, para defender tus ideales de justicia, tenías que ponerte un poco agresivo dentro de la medida de lo normal. Es posible que a los policías no les resulte particularmente agradable que hables de temas tan trascendentales mientras hay gente desangrándose en la escena. Es un problema muy frecuente, sin duda surgido de la falta de profesionalidad de las fuerzas del orden incumbentes. Por supuesto, puedes corregir tal tara explicándoles con pelos y señales cómo se supone que tienen que hacer su trabajo. Está claro que ellos no saben, así que alguien tiene que explicárselo. Y ese alguien vas a tener que ser tú. Una pesada carga, pero estás a la altura de los eventos.
Paso 10: Mantente fiel a tus ideales a pesar de todo
Es posible que tu cónyuge, pareja, consorte, beau, acompañante vital, compañero sentimental, hermano de armas, pareja de tute, pretendiente, alma gemela, media naranja, u odontólogo de confianza obstaculice tu libertad de expresión separándote físicamente del lugar en el que estás teniendo la tertulia para evitar que agasajes a los comensales con tu gran sabiduría. En tales ocasiones, evidentemente, sacar la navaja no es lo más indicado, así que tienes que rendirte a las evidencias y marcharte sin oponer (demasiada) resistencia. Sin embargo, eso no quiere decir que dejes de participar en la conversación. No te vayas sin gritar las partes más importantes de tu argumento mientras que te están llevando a rastras al coche.
Paso 11: Seguimiento
Como en toda buena interacción social hoy en día, las cosas no terminan cuando no te encuentras físicamente con los otros comensales de Nochebuena. Probablemente tienes sus teléfonos o emails, e incluso es posible que varios de ellos estén en el mismo grupo de familia. Esta es una gran forma de seguir en contacto para seguir intercambiando opiniones. Por supuesto puedes (debes) mandarles muros de texto escritos en mayúscula para que así tus ideas se transmitan de forma más clara. Pero no olvides que no todo en la vida es seriedad, aprovecha para mandarles imágenes y vídeos graciosos donde se ridiculicen sus posturas a fin de que puedan ser conscientes de la profundidad de sus errores. Además, te recomendamos encarecidamente que uses, de ser posible, clientes de chat donde puedas silenciar a otras personas de modo que tú no veas sus mensajes, pero ellos los tuyos sí. De este modo, podrán reflexionar en la comodidad de su hogar, lo que nos lleva al paso siguiente.
Paso 12: Nochevieja
Dependiendo de cómo la celebres, es muy posible que una semana más tarde vuelvas a encontrarte con una o más de las personas a las que instruiste desinteresadamente en Nochebuena. No desperdicies esta oportunidad de oro para ver si han podido dedicar los últimos siete días a reflexionar sobre los temas que tratasteis y hacer un poco de búsqueda espiritual. Y líbrelos Diox de que no hayan llegado a las mismas conclusiones que tú, porque recuerda: no tienes miedo de hacer lo mismo que hiciste en Nochebuena. No tienes miedo de lo que te puedan hacer. Y, sobre todo, no tienes miedo de ir a la cárcel. Ahora bien, es posible que alguno sí te dé miedo, por eso planteamos algunos consejos en el siguiente paso.
Paso 13: La mejor defensa es un buen ataque
Es posible (incluso probable teniendo en cuenta que estás leyendo esta guía) que uno de tus familiares tenga predisposición particularmente violenta. Vamos, un bullanguero, alguien que no solo tenga más agilidad con la navaja que tú, sino que además le guste. Sí, sabemos que a ti también te gusta porque estás leyendo esta guía…, pero a él le gusta más. En tal caso, evidentemente, la confrontación física es, como poco, indeseable. Pero no te preocupes, hay un truco que siempre funciona. Para esto asumimos que has ido a la cena de nochebuena en coche. Si has ido en transporte público, se puede hacer también, pero eso va a implicar que vas a tener que robar un autobús y ahí la cosa se pone complicada. Lo que tienes que hacer es llamar a tu contertulio indeseable y pedirle que te ayude a poner la baliza del coche, que seguro que él tiene experiencia de mangar alguna y revenderla por ahí. Y a partir de ahí, es tan fácil como agarrar y atropellarlo como quien no quiere la cosa. Mucho mejor si vuelves a la cena como si no hubiese pasado nada.
Paso 14: Guárdate las espaldas
Ante todo, es importante que te protejas física y mentalmente de los ataques de tus contendientes filosóficos. Porque claro, si recibes daño o acabas en prisión, pues ahí ya no puedes expandir tus ideas, lo que privaría al mundo de tu intelecto. Para eso, lo mejor que puedes hacer es buscar a una persona entre los comensales que te sirva de subrogado —o lo que es lo mismo: un pelele. Una vez hayas escogido a quien va a hablar por ti, solo tienes que explicarle tu punto de vista de tal forma que parezca que es idea suya. Y hala, a partir de ahí es solo esperar y ver cómo germinan tus esporas psíquicas. O lo que es lo mismo, cómo difunde tus ideas y se lleva las del pulpo en tu lugar. A eso es a lo que huele la eficiencia.
Y con esto ya estamos, esperamos que te sea útil para difundir La Palabra a tus parientes y amigos.
Amén y viva España.
